Budo no
es un niño corriente. Es curioso, inteligente, valiente y divertido; le encanta
ir al colegio con Max, escuchar las lecciones de la señorita Gosk y descubrir
nuevos lugares en los que investigar. Pero Budo también es capaz de atravesar
paredes, estar enfrente de una multitud de personas y ser completamente
imperceptible, e incluso permanecer vivo sin haber comido ni bebido en toda su vida.
Y es que, como ya se ha dicho, Budo no es un niño corriente: es un amigo
imaginario, surgido de la mente de Max.
Como
todos los amigos imaginarios del mundo, Budo estará en la tierra siempre que
Max siga creyendo en él; por eso mismo, sabe que su tiempo se está agotando,
pues tarde o tembrano Max crecerá, se olvidará de él y entonces desaparecerá,
como tantos otros antes que él. Hasta entonces, lo único que puede hacer es
permanecer a su lado, ayudar a Max a comprender la realidad, que tan complicada
le resulta a veces, y buscar la manera de existir para siempre. Sin embargo, el
orden de sus prioridades cambia radicalmente cuando Max se encuentra en peligro
y comprende que él es el único que puede salvarle.
En Memorias
de un amigo imaginario, Matthew Dicks nos presenta una historia emotiva,
inteligente y original cuya principal baza es la compleja naturaleza de Budo y
del resto de los amigos imaginarios. Narrado en primera persona por este
personajetan peculiar y dividido en capítulos cortos, la novela obliga al
lector a plantearse conceptos tan complejos y universales como el momento en
que un niño abandona la infancia, el poder de la imaginación o la razón de
nuestra existencia.
Otro
punto a favor son los personajes. Tanto los principales como los secundarios
presentan suficiente complejidad como para que el lector los recuerde con
facilidad y comprenda sus motivaciones al tomar las decisiones. Así, Budo, y
Max a través de los ojos del chico imaginario, son los más interesantes, pero
ni los padres del niño, ni sus profesoras, ni tampoco los otros amigos
imaginarios que se cruzan en la historia se quedan atrás.
Si bien
la premisa es enormemente original y está llevada a la práctica con bastante
destreza, la historia resulta demasiado larga y puede hacerse algo pesada. Esto
se debe a que la trama principal, el conflicto de la novela, no arranca hasta
casi la mitad del libro, por lo que, el resto del tiempo, la única razón por la
que el lector sigue adelante es la peculiar voz de Budo y su especial relación con
Max.
En
definitiva, Memorias de un amigo imaginario es una novela perfecta para
quienes quieran disfrutar de una historia melancólica e inocente. Una historia
cuyo universo, poco a
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